miércoles, 17 de agosto de 2011

Hallan en Israel una estatua de Hércules datada en el siglo II.

Se trata de una figura de medio metro, realizada en mármol blanco y de una "calidad artística excepcional", señaló Walid Atrash, de la IAA. Foto por gentileza de © Israel Antiquities Authority.

Una estatua de Hércules realizada en mármol y que data del siglo II fue descubierta en unas excavaciones en el norte de Israel, según anunció hoy lunes la autoridad de antigüedades del país, IAA, en un comunicado.
Fuente: DPA, Jerusalén | La Jornada.uam.mx, 15 de agosto de 2011

Se trata de una estatua de medio metro, realizada en mármol blanco y de una "calidad artística excepcional", señaló Walid Atrash, de la IAA. La escultura formaba parte de la decoración de unos baños romanos.

El héroe romano Hércules (Heracles, en la mitología griega), hijo del Zeus y la mortal Alcmena, es considerado símbolo de la fuerza y el coraje. En la estatua destacan sus abultados músculos y aparece representado con la piel del león de Nemea. Según la mitología griega, matarlo fue el primero de sus 12 trabajos.

Las excavaciones, realizadas en Horvat Tarbenet, un asentamiento judío del siglo III, tienen lugar en el marco del proyecto ferroviario del valle de Jezreel, destinado a renovar la antigua línea de tren que unió la capital siria, Damasco, con el puerto mediterráneo de Haifa.

La nueva línea de ferrocarril recorrerá 60 kilómetros desde Haifa hasta la ciudad israelí de Beit Shean, situada unos ocho kilómetros al oeste del río Jordán y a unos 25 kilómetros al sur del mar de Galilea.

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Hercules statue found in Jezreel Valley

Marble work of art from second century CE uncovered in Israel Antiquities Authority excavations at Horvat Tarbenet

Via: Shai Zamir,  | Ynet News.com, Published: 08.16.11, 08:02 / Israel Travel

A marble statue of Hercules from the second century CE was uncovered in excavations the Israel Antiquities Authority is conducting at Horvat Tarbenet, within the framework of the Jezreel Valley Railway project, directed by the Israel National Roads Company.

According to Dr. Walid Atrash of the Israel Antiquities Authority, “This is a rare discovery. The statue, which probably stood in a niche, was part of the decoration of a bathhouse pool that was exposed during the course of the excavations. It is c. 0.5 m tall, is made of smoothed white marble and is of exceptional artistic quality.

"Hercules is depicted in three dimension, as a naked figure standing on a base. His bulging muscles stand out prominently, he is leaning on a club to his left, on the upper part of which hangs the skin of the Nemean lion, which according to Greek mythology Hercules slew as the first of his twelve labors."

The hero Hercules, of Greek and Roman mythology, was born in Thebes. He is the son of the god Zeus and the mortal Alcmene, a woman from Electryon. Hercules is considered the strongest man in the world, a symbol of power, courage and superhuman strength; one of the most famous legendary heroes of ancient Greece who battled the forces of the netherworld on behalf of the Olympian gods.

Hercules is described as hot tempered, and he often times acted impetuously and with uncontrollable rage. Greek mythology has it that Zeus’ wife, Hera, expressed her jealousy and fierce hatred of Hercules from the day he was born because he was the product of her husband’s infidelity. While he was just a baby Hera placed two poisonous snakes in his bed, but he managed to overpower them.

Later, in a fit of madness brought on by Hera, Hercules killed his three sons and his wife Megara, whilst she attempted to protect the smallest of them. In order to atone for his terrible sin, the Oracle of Delphi ordered Hercules to go to Eurystheus, king of Mycenae, and perform whatever the king commanded him to do. Among the king’s commands were 12 superhuman feats known as the "Labors of Hercules".

Hercules’ 1st task portrayed

Depictions of the labors of Hercules are among the most common themes in ancient art and the statue that was discovered portrays Hercules’ first task.

Horvat Tarbenet is located in the Jezreel Valley, three kilometers northeast of Kefar Barukh, and four kilometers northwest of Afula. Tarbenet was a Jewish settlement in the third century CE, which is mentioned in the Jerusalem Talmud (Megilla 4, 5).

The story is told of a local teacher who would teach the Ten Commandments very quickly, so rapidly that his students could not understand him. The townspeople asked the teacher to take a break between each passage so they could follow him. The teacher refused because “the sages forbade one from stopping while reading the words of Moses”.

The teacher’s refusal even received the backing of Rabbi Hanina. The teacher continued to teach as he did until the residents fired him.

In an archaeological excavation conducted at the site remains were discovered, among them dwellings, a built well and an installation that included a large pool which was probably part of a Roman bathhouse. Benches were found on two sides of the pools.

The well, which is 2.90 m in diameter and in excess of 4 m deep, had a saqiye type pumping installation constructed above its opening. A drainage channel that extended as far as the pool was built alongside the well. It seems that the well and channel were meant to supply water for the pool.

After the pool was no longer being used it was filled in with a layer of earth that contained numerous potsherds, an abundance of broken glass vessels and the marble fragment of the statue of Hercules. The complex that was discovered apparently underwent a number of changes and it is dated to the Roman and Byzantine periods, until the beginning of the Early Islamic period.

At the beginning of the last century the legendary Valley Railway linked Haifa with Damascus. Recently the Israel National Roads Company commenced work renewing the rail line with the necessary changes in its route. The new Valley Railway, which is c. 60 kilometers long, will carry passengers and freight between Haifa, Afula and Bet She'an. In certain places the new track will pass alongside the route of the historic Valley Railway.

viernes, 5 de agosto de 2011

El Panteón de Roma era usado como un gran reloj solar, según un estudio




Vía: The Telegraph | Nick Squires | 1 de agosto de 2011 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

Es uno de los mejores edificios conservados del mundo romano, un testimonio de más de 2.000 años de antigüedad del inmenso poder y riqueza del imperio.

Pero el misterio ha rodeado siempre lo que hay detrás del inusual diseño del Panteón, un templo gigantesco en el corazón de Roma construido por el emperador Adriano.

Ahora los expertos han llegado a una intrigante teoría: que el templo actuaba como un colosal reloj de sol, con un haz de luz que iluminaba la enorme entrada en el preciso momento en que el emperador accedía al edificio.

Construido por orden de Adriano, y terminado en el 128 d.C., la cúpula semiesférica del Panteón está perforada por un agujero circular de unos 9 metros de ancho, conocido como el "oculus".

El mismo proporciona al interior del edificio su única fuente de luz natural, a la vez que permite que entre la lluvia y -en raras ocasiones- la nieve.

Giulio Magli (foto a la izquierda) un historiador de la arquitectura antigua del Politécnico de Milán, Italia, y Robert Hannah (foto debajo), un estudioso de los clásicos de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, han descubierto que, precisamente a mediodía, durante el equinoccio de marzo, un haz circular de luz brilla a través del óculo e ilumina la imponente entrada del Panteón.

Ellos han estado trabajando en esta teoría desde el año 2009, pero recientemente han reunido todas sus últimas investigaciones en un artículo publicado en una revista académica, Numen.

Los precisos cálculos realizados sobre el posicionamiento y la construcción del Panteón significan que el tamaño y la forma del haz de luz se adapta perfectamente, hasta el último centímetro, al arco de piedra semicircular encima de la puerta de entrada

Un efecto similar se observa el 21 de abril, cuyo día los romanos celebraban como fecha de la fundación de su ciudad, cuando al mediodía el rayo de sol golpea una rejilla de metal por encima de la puerta de entrada, inundando el patio de columnas exterior con su luz.

La dramática escenografía habría sido vista por los romanos como la elevación de un emperador al reino de los dioses, una afirmación cosmológica de su poder divino cuando entra en el edificio, por lo cual fue utilizado como sala de audiencias, así como lugar de culto.

En efecto, el emperador estaba siendo "invitado" por el sol al entrar en el Panteón, que, como su nombre indica, se había dedicado a las deidades más importantes del mundo romano.

 
"El emperador habría sido iluminado como si fueran luces de un estudio de cine", dijo el profesor Magli. "Los romanos creían que la relación entre el emperador y el cielo estaba en su punto más cercano durante los equinoccios".

"Ello habría sido una glorificación del poder del emperador y de la propia Roma". El sol tenía un significado especial para los romanos, como lo tenía para los antiguos egipcios. El dios Apolo se asoció con el sol, y el emperador Nerón fue representado como el dios griego del sol, Helios, en una estatua gigante llamada el Coloso, el cual dio su nombre al Coliseo.

Uno de los ejemplos más notables de ingeniería de la antigüedad, el buen estado de conservación del Panteón se debe al hecho de que se convirtió en una iglesia en el siglo VII, cuando fue ofrecido al Papa por el emperador bizantino Focas.

El edificio conserva sus puertas de bronce originales y columnas de mármol, algunas de las cuales fueron obtenidas en las canteras del desierto de Egipto y transportadas por barco a lo largo del Nilo y a través del Mediterráneo hasta Roma, con un imenso coste.

Ahora contiene las tumbas de Víctor Manuel II, el primer rey de la Italia unificada, y del artista renacentista Rafael.

La destrucción de Persépolis

NHG. NÚMERO 92, PÁGINA 50


En su invasión del Imperio persa, Alejandro Magno avanzó hasta llegar a su capital, Persépolis. Allí se instaló en los palacios reales, donde una noche, en medio de un banquete, una cortesana lo persuadió de prender fuego a la ciudad. Fue el fin de la capital de los soberanos aqueménidas.

Tras la conquista de Persépolis, la capital del Imperio persa, Alejandro Magno quiso mostrar su poder y determinación ante el mundo, y ordenó incendiar la ciudad que había sido el glorioso símbolo de la dinastía aqueménida. Tras la resonante victoria que obtuvo en la llanura de Gaugamela, en octubre del año 331 a.C., Alejandro Magno vio cómo quedaba abierto el camino a las grandes capitales del Imperio persa. Su rey, Darío III, había huido hacia el norte de sus dominios para reclutar nuevos contingentes con los que enfrentarse a los invasores macedonios.
La ruta hacia el sur, donde se hallaba el corazón político y simbólico del Imperio, quedaba, así, despejada y al alcance del invasor. Las capitales de Babilonia y Susa fueron entregadas por sus respectivos gobernadores sin apenas oponer resistencia: Alejandro pudo, de este modo, hacer su entrada triunfal en Babilonia en medio de grandes fastos. Tampoco la ocupación de Pasagarda y Ecbatana, las otras dos capitales imperiales, presentó excesivas complicaciones. La excepción a la regla fue Persépolis, tal vez las ciudad más emblemática del reino persa, que cada año acogía la espléndida ceremonia de homenaje y sumisión de todos los pueblos al Gran Rey. La imagen ideal del soberano se ha conservado en los impresionantes relieves que adornaban muros y escalinatas de la gran plataforma sobre la que se erigió el imponente complejo palacial.
El camino más corto para alcanzar la ciudad discurría a través de los montes Zagros, límite geográfico oriental de la antigua Mesopotamia, y que constituían una barrera natural en el camino de Alejandro. El acceso a Persépolis se hallaba, por tanto, mucho más protegido que el de Babilonia o Susa. En el principal paso montañoso a lo largo de la ruta, las famosas puertas de Susa, se había atrincherado un importante contingente militar dispuesto a resistir el avance de Alejandro e impedir a toda costa su entrada en la capital. El primer ataque macedonio contra las defensas persas en el pasoconcluyó en un rotundo fracaso y se saldó con fuertes bajas.
Era casi la primera contrariedad seria que sufría Alejandro en su arrolladora y victoriosa campaña por tierras de Oriente. El soberano macedonio se vio obligado a dividir sus fuerzas para rodear al enemigo por ambos flancos y pudo sortear el obstáculo gracias a la ayuda de un pastor local que indicó a los macedonios una ruta alternativa, no exenta, sin embargo, de complicaciones y dificultades, y que exigía, además, una gran rapidez de movimientos. Las tropas persas fueron finalmente derrotadas y se retiraron a Persépolis, pero cuando llegaron ante las puertas de la ciudad vieron cómo les impidió la entrada el gobernador, que, al parecer, ya había pactado con Alejandro la entrega de la capital persa y le había advertido del peligro del saqueo de sus tesoros.
Alejandro hizo su entrada en Persépolis a finales de enero de 330 a.C. A diferencia de lo sucedido en Babilonia o Susa, el conquistador macedonio permitió a sus soldados que procedieran al saqueo indiscriminado de la ciudad. Algunos testimonios describen con espanto las atrocidades cometidas por los soldados contra la población civil.
La decisión de Alejandro de permitir el brutal saqueo de Persépolis se ha explicado como una impulsiva y airada reacción ante la resistencia ofrecida por el enemigo, que había provocado considerables bajas en su ejército en el ataque inicial a las Puertas de Susa. De la noche a la mañana, el fastuoso complejo palacial que en su día concibió el rey Darío I como el escaparate del poderío aqueménida quedó reducido a un montón de escombros. Eso sí, las crónicas mencionan que Alejandro mostró posteriormente un arrepentimiento tardío por lo sucedido.

La fundación de Roma

 NHG. NÚMERO 92, PÁGINA 62


Según el mito, los gemelos Rómulo y Remo, a los que amamantó una loba, fundaron Roma en el año 753 a.C. Ciertos hallazgos arqueológicos indican que la ciudad surgió hacia aquella época.

Según el mito, Rómulo y Remo, dos gemelos abandonados en el río Tiber y amamantados por una loba, fundaron Roma, ciudad que llegaría a ser el centro de uno de los mayores imperios de la historia. A la pregunta de quién fundó Roma, nadie dudará en responder: Rómulo y Remo. Y en efecto, la representación de los divinos gemelos amamantados por la loba se ha convertido en una imagen universalmente conocida, quizá la que mejor simboliza a la Ciudad Eterna en cuanto que representaba a sus legendarios fundadores. Sin embargo, tal afirmación no responde a la realidad histórica: salvo el caso de las colonias, pocas ciudades de la Antigüedad clásica fueron resultado de una fundación, sino más bien el producto de un largo proceso de formación.
Roma no escapa a esta regla, y, de hecho, debido a la complejidad de la documentación, su origen constituye una de las cuestiones más debatidas y de difícil situación que se plantean los historiadores actuales. Pero si nos situamos en la perspectiva de los antiguos romanos, la intervención de un héroe es por completo necesaria: así como todo un pueblo, excepto los considerados autóctonos, es consecuencia de una migración, la ciudad nace en virtud de la decisión individual de aquel que actúa como fundador.
En el caso de Roma, ese fundador fue Rómulo. Según la versión canónica del origen de Roma, la historia de Rómulo y Remo se remonta a su abuelo Numitor, rey de la ciudad de Alba Longa, en el Lacio. Numitor fue despojado del trono por su hermano Amulio, quien, para evitar futuras complicaciones, decidió segar la descendencia de su rival: ordenó dar muerte a su único hijo varón, mientras que su hija, conocida con los nombres de Ilia y Rea Silvia, la hizo ingresar en el colegio de las vestales, un sacerdocio femenino que obligaba a sus miembros a conservar la virginidad, bajo pena de muerte, durante treinta años, con lo cual le impedía tener hijos. No obstante, cuando en el cumplimiento de sus funciones sacerdotales Ilia se dirigió a una fuente para buscar agua, fue violada por el dios Marte, quien la dejó encinta de dos gemelos.
Una vez tuvo lugar el parto, Amulio ordenó dar muerte a los niños, pero los servidores encargados de tal misión abandonaron la cesta que contenía a los gemelos en el río Tiber. Las aguas desbordadas del río depositaron la canasta con los pequeños a los pies del monte Palatino, y allí una loba, atraída por el llanto de los niños, acudió y les ofreció sus mamas. Poco después aparecieron unos pastores y la loba se alejó; uno de ellos, llamado Fáustulo, recogió a los gemelos y los entregó a su esposa, Acca Larentia, para que los criase. Rómulo y Remo pasaron su infancia y juventud en un ambiente salvaje, entre los pastores de la zona. Pronto les apremió el deseo de fundar una ciudad allí donde les encontró la loba.
Rómulo se impuso a su hermano y procedió a fundar Roma siguiendo las reglas señaladas por el ritual etrusco, trazando un surco con un arado que marcaría el límite de la ciudad. Rómulo estableció la prohibición de atravesar con armas el límite de la ciudad, pero Remo no se conformó y se burló de la obra de su hermano atravesando armado el surco. En la refriega que siguió, Remo encontró la muerte. Según la tradición, Rómulo reinó durante treinta y seis años. Sobre su muerte existían dos versiones. La más antigua dice que desapareció durante una tormenta y fue elevado al cielo, identificado con el dios Quirino. La segunda versión sostiene que Rómulo habría sido asesinado y que su cuerpo fue descuartizado por los senadores, cansados de su comportamiento tiránico.

miércoles, 13 de julio de 2011

La tragedia de Pompeya y Herculano

 NHG. NÚMERO 91, PÁGINA 60


El 24 de agosto de 79 d.C., el Vesubio entró en erupción. Primero, una lluvia de cenizas fue cubriendo las casas y las calles de Pompeya y Herculano. Gran parte de los habitantes huyeron, pero los rezagados se vieron sorprendidos por varias oleadas de materiales volcánicos que dejaron cientos de víctimas y enterraron totalmente ambas ciudades.

El 24 de agosto del año 79 d.C., hacia el mediodía, el Vesubio entró en erupción. Los habitantes de los pueblos del contorno emprendieron la huida, pero muchos cayeron bajo terribles corrientes de gases y cenizas que causaron miles de víctimas. El 5 de febrero del año 62 d.C., Pompeya ya había resultado casi totalmente destruida por un terrible terremoto y por los incendios que siguieron al temblor. La reconstrucción fue lenta, y diecisiete años después todavía proseguían las labores de reparación y embellecimiento. Por eso, es posible que los temblores de tierra que sacudieron la ciudad durante la segunda mitad del mes de agosto del año 79 d.C. incitaran a muchos pompeyanos a huir hacia Nápoles e, incluso, a marchar a Roma.
En todo caso, nada anunció lo que iba a ocurrir el 24 de agosto de ese mismo año. Poco después del mediodía, una tremenda explosión lanzó al aire el tapón rocoso que cerraba el cráter del Vesubio. Una enorme columna de gas, humo y ceniza se elevó hasta una altura de varios kilómetros. Mientras ascendía, el material iba perdiendo su forma gaseosa y se iba convirtiendo en cenizas y piedra pómez, que en las horas siguientes empezaron a caer anegando casi toda la parte oriental y meridional de las faldas del Vesubio. Pompeya acabó ahogada por una capa de más de dos metros de ceniza y piedra pómez. Muchos murieron por el desprendimiento de los techos de las casas, incapaces de soportar el peso de las cenizas.
Otros, la mayoría, lograron huir. Pero los rezagados sufrieron un destino terrible, cuando, en la madrugada y la mañana del día siguiente, sucesivas oleadas de gases y material incandescente se abatieron desde el Vesubio hacia Pompeya, Herculano y las demás poblaciones en torno al volcán, matando en el acto a cientos de personas y dejándolo todo cubierto por espesas capas de residuos. Los restos de las víctimas de la gran erupción del año 79 empezaron a salir a la luz en los siglos XVIII y XIX. Fueron primero esqueletos cubiertos por piedra pómez; luego, moldes humanos, elaborados por los arqueólogos según un ingenioso procedimiento que consistía en rellenar con escayola los huecos que los cuerpos, al descomponerse, habían dejado entre las capas de cenizas.
Gracias al trabajo de generaciones de arqueólogos, historiadores, excavadores y aficionados conocemos el nombre de más de dos mil personas que vivieron en Pompeya en los dos últimos siglos de su existencia. No es mucho si lo comparamos con los entre doce mil y veinte mil habitantes de la ciudad en el momento de la erupción. Pero bastante para evocar la vida de algunos de ellos, sobre todo de los que murieron aquella mañana veraniega.
De éstos se han encontrado unos cuatrocientos cadáveres y otros setecientos huecos dejados por los materiales piroclásticos. Naturalmente, no podemos saber a quién pertenecía cada cadáver, pero sí se han podido estudiar algunas de sus características fisiológicas e, incluso, su ADN. Plinio el Viejo fue la víctima más ilustre de la erupción del Vesubio, pero hay dudas sobre las verdaderas causas de su muerte.
Al llegar a Estabia el día de la erupción, por la tarde, se alojó en la villa de un amigo. La acumulación de ceniza y piedra pómez aconsejó, a la mañana siguiente, huir del lugar. Todos se dirigieron a la playa, pero el viento impidió que zarparan en botes. Plinio se tendió sobre una sábana, bebió agua fría y entonces falleció. Según el testimonio de su sobrino, murió asfixiado, lo que sugiere que fue víctima de la última onda piroclástica que se abatió sobre la zona. Sin embargo, el que sus acompañantes sobrevivieran ha hecho pensar que pereció de un ataque al corazón.

El santuario de Olimpia fue destruido por un tsunami, según hipótesis de expertos alemanes.

Maqueta arquitectónica del recinto del santuario de Olimpia, en Grecia.  Forma parte de la exposición permanente del Museo Británico. Foto: Doreio / Wikipedia




Olimpia, el lugar del famoso Templo de Zeus y el lugar original de los Juegos Olímpicos en la antigua Grecia, fue probablemente destruida por varios tsunamis, los cuales alcanzaron considerables distancias tierra adentro, y no por terremotos e inundaciones fluviales, tal como se ha supuesto hasta la fecha.

Las pruebas en apoyo de esta nueva teoría sobre la virtual desaparición de este antiguo lugar de culto en la península del Peloponeso proviene del profesor Dr. Andreas Vött (foto a la izquierda), del Instituto de Geografía de la Universidad Johannes Gutenberg, en Mainz, Alemania. Vött investigó el lugar como parte de un proyecto en el cual él y su equipo están estudiando los paleotsunamis que se produjeron a lo largo de las costas del Mediterráneo oriental durante los últimos 11.000 años. Según su relato, los resultados geomorfológicos y sedimentológicos hallados en la zona documentan que Olimpia y sus alrededores fueron destruidos por el impacto de tsunamis. El enclave de Olimpia, redescubierto hace unos 250 años, fue enterrado bajo una capa masiva de arena y otros depósitos que alcanzaron hasta 8 metros de profundidad.

"Tanto la composición como el espesor de los sedimentos que hallamos en Olimpia no se corresponden con el potencial hidráulico del río Cladeos y el inventario geomorfológico del valle. Es muy poco probable que ello pudiera haber sido la obra de este riachuelo", afirma Vött. Hasta la fecha, se ha supuesto que el lugar de culto fue finalmente destruido por un terremoto en el año 551 d. C., y posteriormente cubierto por depósitos de inundaciones del río Cladeos. Sin embargo, con este escenario sigue siendo un misterio cómo el pequeño Cladeos pudo primero haber enterrado Olimpia bajo varios metros de sedimentos, para posteriormente realizar una incisión de 10 a 12 metros hasta el nivel de flujo utilizado en la antigüedad. Trabajando en colaboración con el Eforato local para las Antigüedades Clásicas, el Instituto Arqueológico Alemán, y sus colegas de las universidades de Aquisgrán, Darmstadt, Friburgo, Hamburgo y Colonia, Vött y su equipo examinaron el emplazamiento mediante métodos y técnicas geomorfológicas y geoarquelógicas.

Los resultados indican que Olimpia fue repetidamente golpeada por inundaciones catastróficas durante su historia, quedando el lugar sepultado bajo enormes masas de sedimentos. La presencia de conchas de moluscos y gasterópodos, y los restos de abundantes micro-organismos, tales como los foraminíferos, son una clara evidencia del origen marino de los sedimentos. Dichos sedimentos fueron obviamente transportados hacia el interior a gran velocidad y de modo enérgico, llegando hasta Olimpia, a pesar de que se encuentra a unos 33 metros sobre el nivel del mar. La explicación más probable es que las aguas de los tsunamis desbordaron la estrecha línea de colinas entre Olimpia y el mar a través de los bajos valles de éstas.

 
Vista oeste del valle del río Cladeos y la cadena de colinas que separan Olimpia de la amplia zona costera. Al fondo (y a la izquierda) el estrecho valle del río Alfeo y la costa del Golfo de Kyparissia.

"En épocas anteriores, Olimpia no estaba a 22 kilómetros del mar como lo está hoy en día. En aquel entonces, la línea de costa se encontraba a 8 kilómetros, o tal vez más,  hacia el interior", explica Vött. En su caso, los tsunamis llegaron desde el mar y se precipitaron dentro del estrecho valle del río Alfeo y hasta el flujo del río Cladeos, abriéndose paso a través de los valles de las colinas detrás de las cuales se encuentra Olimpia. El lugar de culto, por lo tanto, se inundó. Vött supone que la inundación disminuyó muy lentamente debido a que la salida del Cladeos por el valle del Alfeo fue bloqueado por las aguas entrantes de los tsunamis y sus depósitos correspondientes. El análisis de las distintas capas de sedimentos en el área de Olimpia sugiere que este escenario se hizo realidad en varias ocasiones durante los últimos 7.000 años. Fue durante uno de los más recientes de estos acontecimientos, en el siglo VI d. C., cuando Olimpia fue finalmente destruida y enterrada.

La hipótesis de tsunamis en Olimpia está respaldada por el hecho de que los sedimentos fuertemente enérgicos, de origen, sin duda, tsunamigénico, fueron encontrados en el lado marítimo de la cadena de colinas, y estos depósitos son idénticos a aquellos mismos encontrados en Olimpia. Vött señala que "los sedimentos alrededor de Olimpia tienen la misma firma del tsunami en el valle inferior del Alfeo". Vött dice que la causa de la destrucción de Olimpia no pudo haber sido un terremoto, ya que, en este caso, los fragmentos caídos de las columnas del Templo de Zeus habrían  quedado directamente unos encima de otros, pero en realidad ellos fueron encontrados "flotando" entre los sedimentos.

Todos los resultados sedimentológicos, geoquímicos, geomorfológicos y geoarqueológicos, obtenidos por el estudio apoyan la nueva y sensacional hipótesis de que Olimpia fue destruida por los tsunamis. El análisis detallado de las asociaciones, el origen y la edad de la microfauna, así como estudios geocronológicos, están actualmente en curso. Los resultados se esperan pronto.
La foto muestra la extracción de sedimentos en la terraza occidental del río Cladeos, a unos pocos cientos de metros al oeste del Templo de Zeus.

Los tsunamis son bien conocidos en el Mediterráneo oriental y son principalmente el resultado de intensas actividades sísmicas a lo largo del arco helénico. Aquí la placa africana está siendo subducida por la placa de euroasiática, provocando en repetidas ocasiones terremotos muy importantes que son seguidos por tsunamis. El más reciente mega-tsunami en el Mediterráneo ocurrió en 1908, en relación con un terremoto sucedido en el Estrecho de Messina, en el sur de Italia, el cual devastó la vecina región costera y más de 100.000 personas murieron. Una ola tsunami de 30 metros de altura se registró en el sur del mar Egeo en 1956. "La evaluación de los relatos históricos ha demostrado que en el oeste de Grecia hay un tsunami cada ocho u once años de promedio", especifica Vött.

El profesor, Dr. Andreas Vött, está especializado en paleotsunamis y en investigaciones geoarqueológicas en el Mediterráneo. En septiembre de 2011 presentará en una conferencia académica internacional en Corinto, Grecia, la hipótesis del tsunami en Olimpia. Antes de venir a la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, en octubre de 2010, Vött fue profesor de Geografía Física con un enfoque hacia la investigación del Cuaternario y la Geoarqueología en el Instituto de Geografía de la Universidad de Colonia. Como profesor de Geografía Física y Geomorfología en la Universidad de Mainz, Vött también dirige la investigación de peligros naturales y la enseñanza de Geoarqueología. Su
investigación también comprende los aspectos de la geomorfología costera, tales como las fluctuaciones del nivel del mar durante el Holoceno, así como los efectos espaciales de las interacciones humano-ambientales en los últimos milenios. Vött trabaja en coordinación con la JGU, el centro de investigación "Geocycles" y el grupo de excelencia "La Tierra y el Antropoceno" (ERA), el cual ha sido invitado a presentar una propuesta completa para la financiación de la segunda fase de la "Iniciativa de Excelencia Alemana".

lunes, 27 de junio de 2011

La lápida sepulcral de un gladiador romano describe el fatal desenlace de un combate


Vía: Live Science | Oven Jaurus| 17 de junio de 2011 (Traducción: G.C.C. paraTerrae Antiqvae)

Un enigmático mensaje en una lápida sepulcral, sobre un gladiador romano que existió hace 1800 años, ha sido finalmente descifrado, contando una historia de traición.

El epitafio y la composición artística sobre la lápida sugieren que el gladiador, llamado Diodoro, perdió el combate (y su vida), debido a un error del árbitro, segun informa Michael J. Carter (foto a la izquierda), profesor de la Brock University, en St. Catharines, Canadá. Carter es un estudioso de los combates entre gladiadores y otros espectáculos en la parte oriental de la Imperio Romano.

Él examinó la lápida, la cual fue descubierta hace un siglo en Turquía, tratando de determinar lo que el dibujo y la inscripción significaban.

Sus resultados serán publicados en el próximo número de la Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik (Revista de papirología y Epigrafía antigua).

Las lápidas hablan

La lápida sepulcral fue donada al Museo del Cuaternario, en Bruselas, Bélgica, poco antes de la Primera Guerra Mundial. En la misma se muestra la imagen de un gladiador blandiéndo lo que parecen ser dos espadas y posicionándose encima de su oponente, el cual le advierte de su rendición. La inscripción dice que la lápida marca el lugar donde está enterrado un hombre llamado Diodoro.

"Después de derrotar a mi oponente Demetrio, no lo maté de inmediato", reza el epitafio. "El destino y la astuta traición del 'summa rudis' me mataron".

El 'summa rudis' es un árbitro, el cual pudo haber tenido experiencia en el pasado como gladiador.

La inscripción también indica que Diodoro nació y luchó en Amisus, en la costa sur del Mar Negro, en Turquía.

Aunque Carter ha examinado cientos de lápidas de gladiadores, este "epitafio es completamente diferente a cualquier otra cosa; en él se cuenta una historia", dijo a LiveScience.

Foto: Mosaico que muestra a un gladiador 'retiarius' llamado Kalendio en lucha con otro gladiador 'secutor' llamado Astyanax. Con un bastón aparece el 'summa rudis', acompañado, en la viñeta de arriba, por su asistente o 'secunda rudis'. Museo Arqueológico Nacional, Madrid. 

La lucha final


La historia de la lápida dice que el desenlace tuvo lugar hace unos 1.800 años atrás, cuando el imperio romano estaba en su apogeo y sus fronteras se extendían desde la muralla de Adriano, en Inglaterra, hasta el río Éufrates, en Siria.

Los juegos de gladiadores eran espectáculos muy populares, muchos de ellos enfrentaban a dos hombres, uno contra otro. Aunque las muertes por heridas eran comunes, los enfrentamientos no eran peleas en las que todo servía para dar muerte al contrario, tal como lo ha representado Hollywood, dijo Carter.

"Yo creo que había una serie de reglas muy detalladas que regulaban el combate de gladiadores", subraya Carter.

A pesar de que las reglas exactas no se conocen bien, alguna información puede ser obtenida a través de las referencias en textos que han sobrevivído y en el arte.

Para empezar, la mayoría, si no todas, de las peleas eran supervisadas por el 'summa rudis'.

Entre las reglas que hacían cumplir había una por la cual un gladiador derrotado podía solicitar la sumisión, y si ésta era aprobada por el 'munerarius' (el personaje adinarado que pagaba el espectáculo), el luchador podía salir de la arena sin mayores daños.

Otra regla que existía, al parecer, consistía en que si un gladiador se caía por accidente (sin el concurso de su oponente) se le permitía volver a levantarse, recoger su equipo y reanudar el combate.

Foto: Cuadro de Jean-Léon Gérôme, titulado "Pollice verso" ("Con el pulgar hacia arriba") y que popularizó la creencia de que tal gesto significaba 'vivir', y con el pulgar hacia abajo 'morir', cuando muy posiblemente ambos gestos tendrían un significado al revés.

La muerte de Diodoro

Es esta última regla la que parece haber terminado con Diodoro. Carter interpreta la imagen del gladiador con dos espadas con el momento final de su pelea, cuando Demetrio había sido derribado y Diodoro había agarrado las empuñaduras de sus espadas.

"Demetrio hace señales de rendirse para que Diodoro no le mate, y él retrocede esperando  ser el ganador de la pelea", dijo Carter.

La lucha parecía haber terminado. Sin embargo, el 'summa rudis' -tal vez interpretando que la caída de Demetrio fue accidental, o quizás por algún motivo ulterior- pensaba de otra manera, añade Carter.

"Lo que el 'summa rudis' había hecho, obviamente, fue parar el combate y permitir a Demetrio coger de nuevo su escudo y su espada, y luego reanudar la lucha".

Pero esta vez Diodoro tuvo problemas, y, o bien fue muerto en la arena, o bien Demetrio le infligió una herida que le causó la muerte poco después.

Esta circunstancia habría ocurrido ante una multitud de cientos, si no miles, de personas,  en un teatro o en parte de un estadio de atletismo convertido en una especie de mini-coliseo.

Después de que Diodoro fuera muerto, la gente que realizó su lápida (probablemente la familia o amigos) estaban tan indignados, sugiere Carter, que decidieron incluir algunas palabras finales sobre el epitafio:

"El destino y la astuta traición del 'summa rudis' me mataron".